Comité Editorial Revista Estrategia

“Las revoluciones son las locomotoras de la historia, decía Marx. Las revoluciones son la fiesta de los oprimidos y los explotados. Nunca la masa del pueblo es capaz de obrar como creador tan activo de los regímenes sociales, como durante la revolución. (…) Los dirigentes de los partidos revolucionarios planteen sus tareas de un modo más amplio y audaz en tales periodos, que sus consignas se adelanten siempre a la iniciativa revolucionaria de las masas (…) indicando el camino más corto y más directo hacia la victoria completa, incondicional y decisiva” [1] Vladimir I Lenin Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática

“Nos esperan arduas tareas y grandes sacrificios. Hemos de lanzarnos a afrontaras plenos de determinación revolucionaria, de fe en la capacidad y decisión de nuestro pueblo, de confianza en el seguro triunfo de nuestra revolución” [2] Mario Roberto Santucho Poder burgués y poder revolucionario

El texto redactado por Mario Roberto Santucho en agosto de 1974 se estaciona en un momento particular para las y los revolucionarios, no tan sólo de la Argentina, sino más bien del continente. La lucha librada desde la década de los 60’ se posiciona como el resultado de décadas de acumulación de experiencias que se desencadenaban en sucesivas expresiones de organización de la clase trabajadora como también de los pobres del campo y la ciudad. Tampoco se situaba en un contexto inusual, muy por el contrario, el proceso de levantamientos por parte de las y los oprimidos resonaba como un solo coro en todo el continente, desarrollando desde ahí una apuesta estratégica para los pueblos. Constituir por tanto un poder revolucionario efectivo que se trasladara del imaginario social a la realidad material de la clase trabajadora era la tarea puesta por delante de una serie de organizaciones y partidos revolucionarios en el continente.

En el terreno de la lucha de clases en nuestra América, es que la construcción del poder del poder revolucionario se enfrentó a las clases dominantes y al imperialismo, en una lucha a muerte que materializaba el combate sobre la construcción estratégica de una nueva sociedad nueva, el desarrollo del socialismo y la edificación del comunismo. Las reflexiones elaboradas por Santucho, Enríquez y miles de dirigentes revolucionarios además estaban insertos en un periodo de avances en la conciencia de los pobres del campo y la ciudad, que desarrollaron a través de ese proceso la capacidad de constituir formas de gobierno ajenas al Estado burgués y sus aparatos.

Desde ahí que la derrota que enfrentan las y los revolucionarios en nuestra América desde los 70’ en adelante genera no tan sólo una brecha con respecto a los objetivos que en ese instante la clase trabajadora se trazaba, sino que también por medio de las clases dominantes y el imperialismo norteamericano provocaba los cambios estructurales, judiciales y económicos más profundos en desmedro de los pobres del campo y la ciudad, buscando no sólo aplastarlos en el terreno militar y de la persecución política, sino que también en término de sus vidas y la dignidad que hasta ese entonces nuestra clase había conquistado.

Por ello, es que los levantamientos populares en el seno del capitalismo más deshumanizante despiertan el interés por parte de quiénes se posicionan desde la vereda de las y los explotados, como también de los sectores dominantes que aseguran sus privilegios a costa de todos los medios que disponen como clase. Las revueltas populares del último año en América Latina poseen en la mayoría de los casos la búsqueda de cambiar el viraje que la burguesía aseguró hace algunas décadas por medio del monopolio de la violencia. Prontamente, se posicionan reivindicaciones que se conectan con la construcción de una nueva sociedad y se saltan los esfuerzos en conectar esas necesidades con la poca empatía del Estado burgués y capitalista. Desde ahí es que la movilización de masas se traslada al combate directo entre clases en defensa de sus posiciones, abriendo un campo de lucha como el que hace meses se viene dando en la Patria Grande.

La lectura y la comprensión de las reflexiones que revolucionarios como Santucho desarrollaron en un escenario distinto pero no desconectado del presente se hace necesario para cualquier agrupación y partido con vocación de poder y construcción del socialismo, dejando de lado la espontaneidad y el sensacionalismo para revertirlo en el estudio metódico y comprensivo de la realidad para afrontar desde ahí las tareas de las y los revolucionarios.

El poder de la burguesía: La estabilidad capitalista que aún no se rompe

Santucho hablaba de que en circunstancias en que se agudizaba el conflicto de clases, tal como sucedió durante los años anteriores al de su escrito “Poder burgués y poder revolucionario”, se aclaraban cuestiones vitales para los intereses de las masas, justamente porque la apertura del conflicto presionaba hacia el sinceramiento de posiciones del conjunto de la sociedad y con ella las instituciones que formaban base del bloque en el poder. La convulsión social y por tanto el estallido de la normalidad capitalista resulta ser el momento más transparente para el movimiento de masas con respecto a sus necesidades y sus exigencias, posibilitando desde ahí la ascensión de la movilización y radicalidad de la misma, no sólo en términos materiales sino que también a nivel de las conciencias. Pero el aclaramiento de posiciones tiene una tesis central que entabla la raíz de cualquier análisis, la estabilidad capitalista reside en términos concretos en la dictadura de la burguesía, sin ella es inalcanzable la concreción de una sociedad con un modo de producción capitalista donde los privilegios residen en unos pocos. El ejercicio de la dominación recae en la burguesía y desde ahí posee innumerables elementos para consolidar y asegurar su ejercicio del poder. Para entender la última oración, Santucho devela que las clases dominantes poseen la flexibilidad propia de la capacidad revolucionaria de la burguesía de recurrir de manera hábil y rápida a otro sistema económico y político para continuar con su dominación. En cualquiera de sus formas, la mayor flexibilidad que poseen las clases dominantes está en quebrar su propia estructura jurídica y aplastar mediante el militarismo cualquier rebelión y levantamiento que busque poner fin a su existencia. Cuestión evidente a lo largo de la historia de nuestra América.

Por ello, es que en momentos donde la dominación burguesa recae en sistemas más flexibles con respecto a un Estado policial o militarizado como el parlamentarismo, es que Santucho reconoce el potencial que tiene el parlamento como herramienta para agitar y dividir dentro de las filas enemigas, pero reconoce también que la búsqueda de soluciones de fondo y por tanto estratégicas en este tipo de herramientas es un profundo error, separando aguas con el reformismo y la socialdemocracia, que en diferentes momentos históricos como el actual, busca acumular para enfrentar al bloque en el poder desde el parlamento. En términos de la dominación burguesa, el espectro que declara las claridades en el plano de la lucha de clases es el bonapartismo militar, comprendida en el marco de la utilización de las fuerzas armadas en el marco de la agudización del conflicto entre clases, de manera abierta. Otorgando la capacidad de observar con mayor claridad la utilización de las FFAA como el brazo de la burguesía en la defensa de sus intereses. Perjudicando al movimiento popular en formas y avances que dinamitan las capacidades de la clase trabajadora.

Cuando Santucho por tanto criticaba la apertura hacia los mecanismos funcionales a la democracia burguesa, no lo hacía tan sólo en el mero hecho de observar los cambios profundos en el parlamento, sino también en la constitución de una alternativa progresista, planteándola como un engaño a las masas trabajadoras. En nuestra América los últimos cinco años han significado el fracaso y turbulento reflote de las alternativas progresistas, levantando promesas de alcanzar la dignidad del pueblo trabajador mediante transformaciones institucionales y parlamentarias, tal como lo proponía Santucho, todo aquello quedó en las meras ilusiones de cara a la barbarie capitalista. Pero en definitiva, Santucho asevera que las formas de dominación burguesa poseen la flexibilidad de poseer a su servicio, diversas expresiones de dominación, concretadas muchas veces en expresiones democráticas como otras mucho más cercanas al Estado policial o dictatorial. Por tanto la concreción del poder burgués se comprende en sus diversas manifestaciones y expresiones, donde la burguesía mancilla su dominación por sobre la clase trabajadora a través de diversos elementos fundamentales que colaboran en su concreción, desde el parlamento hasta el monopolio de las armas.

La revuelta popular de octubre por tanto, si bien se convierte en ferviente expresión de un levantamiento combativo por parte de los pobres de la ciudad, proyectando un movimiento radical de masas capaz incluso de lograr colapsar el funcionamiento de la institucionalidad burguesa y sus elementos de coerción, no logra avasallar la dominación burguesa, puesto que no depone su ejercicio del poder ni tampoco su monopolio de la violencia. Es la estabilidad del ejercicio del poder la que verdaderamente pone en jaque en el escenario de la lucha de clases a la burguesía y es justamente esa base la que no se pone en juego en el levantamiento de octubre. Inclusive, es posible aseverar que el uso de la tribuna parlamentaria ni siquiera contribuyó a derrumbar esa situación de dominación, por el contrario logró traerla a flote una vez que se concretaron una serie de acuerdos entre diversas coaliciones de la burguesía y pequeñoburguesa. La división de aguas en las filas enemigas, como las pensaba Santucho, ni siquiera pudieron ponerse a prueba en el levantamiento, puesto que las mismas expresiones políticas en el parlamento conforman parte de la clase dominante, desde los sectores reaccionarios hasta la socialdemocracia.

La avanzada de los revolucionarios se da en el seno de la construcción del poder en forma independiente y superpuesta a la burguesía

Muchas de las derrotas que los pobres del campo y la ciudad sufrieron en Argentina, eran explicadas por Santucho como por la incapacidad de “llegar a construir sólidas unidades” [3] como expresión de avanzada de los trabajadores y el campesinado contra el bonapartismo de la burguesía. El desarrollo de las expresiones propias del pueblo organizado, como huelgas generales, ocupaciones de fábricas, lucha callejera entre otras, consideraba Santucho, eran formas de observar la gran simpatía de las masas hacia la confianza en que la acción revolucionaria se desarrollaba y por tanto, la firmeza en disputarle el poder a la burguesía. Sin lugar a dudas, la observación de los hechos tal como fue mencionado desde un comienzo, es cristalizada a la vista de los oprimidos una vez que el terreno de la lucha de clases comienza a convertirse más volátil. La violencia entre otros elementos de reivindicación política comienza a comprenderse en un marco mucho más claro y justificado, como también el rol del avance en la conciencia de los oprimidos toma un rol preponderante.

“El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no pueda triunfar sobre un enemigo brutal.” [4] Ernesto Guevara Mensaje a la Tricontinental

El “odio a la dictadura” como lo denomina Santucho por tanto se vuelca en la Argentina durante un periodo como un motor de lucha por parte de la clase oprimida contra el sector dominante, desarrollando en la conciencia de su pueblo la capacidad de visibilizar en el campo de la lucha a su enemigo y los sectores vacilantes, tomando partido por tanto en el desenlace de su propia liberación. Esa misma visión es la que posee para desentrañar la misma naturaleza que rodea al continente americano, la violencia de la burguesía y su constante engaño a los sectores que no poseen privilegios, alcanzando desde ahí la capacidad de observar el escenario desde fuera incluso de su sola realidad nacional y saltando a una situación internacional, reflejo de ello fueron las diversas expresiones internacionalistas durante la segunda mitad del último año. Un salto en su conciencia de clase resultó un salto hacia una conciencia internacionalista y latinoamericanista. Pero también en el mismo seno de la organización de los oprimidos se van dando saltos hacia una cristalización en el combate contra su enemigo. La superación de sus organismos de clase que se estacan en el burocratismo es parte de la experiencia que relata en el desarrollo del conflicto de clases argentino, denominado como “la existencia de direcciones clasistas en importantes gremios, el desprestigio de la burocracia y su evidente incapacidad para canalizar la propuesta popular por medios pacíficos” [5] evidencia que los saltos en la conciencia de la clase trabajadora se materializa en la construcción y superación de sus formas organizativas hacia las verdaderamente necesarias y consecuentes en la lucha contra la burguesía.

Para efectos del porvenir del levantamiento en Chile inclusive en países como Ecuador, Colombia e inclusive la misma Argentina, es importante aseverar en la misma línea que lo señala Santucho; es necesario levantar direcciones clasistas que superen el estadio de inmovilidad social condicionado por la burocracia en sus diversas expresiones y la socialdemocracia pequeñoburguesa, que en el caso de la revuelta popular en Chile se expresa a través del Frente Amplio y el Partido Comunista. La fuerza policial con que los Estados burgueses aplastaban las rebeliones a mediados del siglo XX y con ello sus expresiones de vanguardia revolucionaria, llevan a los revolucionarios a concluir de manera más decisiva, que la causa de las repetitivas y constantes derrotas de los oprimidos por parte de sus opresores en el campo de la lucha de clases está estrechamente enlazado en la dinámica con que la burguesía mantuvo su ejercicio en el poder pasado del parlamentarismo o régimen democrático hacia un bonapartismo militar. La maniobra por tanto de la clase dominante, es en buena parte oxigenar constantemente sus posibilidades para abrirse camino y dándole continuidad al poder, los acuerdos políticos alcanzado por los partidos de la burguesía tras semanas de huelga general en Chile son el más bien reflejo de esta maniobra, puesto que considera el develar su verdadera capacidad de acuerdos como clase (Burguesa) y avanzar en transformaciones superficiales por la continuidad de su dominación.

El acuerdo desarrollado el 15 de noviembre por tanto, es la máxima expresión en que la burguesía puede desarrollar diversas maniobras para continuar a la cabeza del ejercicio del poder, involucrando a todos los sectores que forman parte de su acción, como es el caso del Frente Amplio. La alternativa revolucionaria por tanto, es la tercera salida a las masas en el ejercicio del poder. Que en el estadio de dominación burguesa no está a salvo de la construcción de un descredito por parte de la misma clase dominante: “Naturalmente que la burguesía emplea todos sus poderosos medios naturales: la prensa, la radio y la TV, sus agentes en el campo popular, la intimidación y la persecución represiva, el soborno, etc…” [6] forman parte de como la burguesía apuesta por el desgaste del movimiento popular y como también esta posee elementos materiales para afianzar su victoria. Todo con la intención clara de construir una sensación de temor y desconfianza hacia la alternativa revolucionaria. Desde ahí que la tarea de las y los revolucionarios para el periodo posterior a un levantamiento popular como el del 18 de octubre debe apuntar a construir una confianza y seguridad en el proyecto revolucionario sin medias tintas y sin recurrir en el desgaste que significa el reformismo y la socialdemocracia. La revolución debe presentarse como la única alternativa posible y necesaria, una vez que “no hay solución a los problemas de las masas sin despojar del poder a los capitalistas”. [7] Para el avance de la alternativa revolucionaria es necesario el abrir caminos en la cristalización de la conciencia por parte de los dominados contra sus enemigos de clase, la develación de enemigos enquistados en su dominación imperialista resulta vital y que para efectos del actual momento histórico en nuestra América tiene completa coherencia. Sólo desde ese actuar y de una categórica consecuencia revolucionaria en el actuar es que las y los revolucionarios pueden construir garantías, simpatía y credibilidad en las masas, emprendiendo por el contrario una encarnizada lucha contra el oportunismo y la moral burguesa.

Inclusive, una jugada a favor de los revolucionarios en el tablero de la lucha de clases está en que el accionar represivo e impopular de la administración burguesa muy lejos de contener el conflicto, termina por desatarla y con ello los distintos niveles de organización por parte de los pobres del campo y la ciudad. El gobierno de Piñera tiene una dirección impopular y lacaya del imperialismo estadounidense, además de una agenda de carácter pro imperialista y pro empresarial, expresión que data de la urgencia de la clase dominante en acrecentar su brecha de ganancia.

Solo una alternativa revolucionaria logrará librar una lucha a muerte con la burguesía y conquistar su liberación

Finalmente, Santucho asevera que para la constitución de un poder revolucionario hay que superar y vencer los convencionalismos que el reformismo instaló en las masas trabajadoras, estudiantiles, de mujeres, otros y que terminó por la defraudación de sus objetivos y una conducción por medio del engaño.

“Esta nueva experiencia nos enseña que no debemos esperar que los representantes de las clases explotadoras solucionen los problemas del pueblo” [8] Mario Roberto Santucho

El conflicto de clases por tanto, en sus momentos más radicales demuestra al conjunto de la clase que sus problemas y necesidades no pueden ser abordados en la dominación capitalista y en el reino de la propiedad privada, sino que por el contrario, las soluciones sólo pueden ser elaboradas una vez que los medios de producción estén en mano de losdominados, entre otras necesarias tareas para el conjunto del pueblo. Sólo los revolucionarios pueden otorgar respuestas a las problemáticas del pueblo en el esquema del conflicto abierto con la burguesía. El poder revolucionario por tanto, tal como señala Santucho está intrínsecamente unido a la lucha contra el populismo y el reformismo, puesto que ambas representan para el campo de la clase arrastrar sus dogmatismos, malas prácticas, medidas propias de la clase dominante para llevar a cabo su cometido, además de su composición de clase que está relacionada a su comprensión de la realidad. Renegando desde su propuesta la vía revolucionaria, desconociendo no sólo el accionar de los partidos y frentes revolucionarios, sino también las expresiones del mismo pueblo, instalando una profunda desconfianza en las masas.

Para efectos de su construcción, el debate y combate teórico forma parte esencial de su conformación, puesto que debe avanzar no sólo en la alternativa hacia un proyecto revolucionario de una nueva sociedad, sino que también contra el reformismo. Pero por sobre todo, debemos avanzar en la superación de la acepción sobre muchas de las ideas heredadas del estalinismo y que en el posicionamiento de liberación que propone la Filosofía de la praxis [9] repercuten en combatir no sólo el reformismo que se instala de manera más clara en la disputa política, sino que también contra muchos reformismos que la actividad política del marxismo leninismo arrastra. La liberación por tanto debe estar erigida por una capacidad creadora que supere las experiencias históricas de un país en exclusivo, debido a que la situación revolucionaria en un contexto estacionado no puede depender del desarrollo de otras experiencias en su forma exclusiva, no comprender esta consideración entrampa las posibilidades de construir una alternativa libre de dogmas y propia de un nuevo mundo. Nuestro arsenal teórico posee relevante preponderancia, puesto que debe superar los altruismos y las mezquindades.Santucho indica, “Los ritmos y plazos del desarrollo de la situación revolucionaria están determinados por distintos factores concretos que hacen al grado de descomposición de la burguesía y al poderío de las fuerzas del pueblo, ocupando un lugar destacado el papel del partido revolucionario” [10], señalando por tanto la clave en los distintos ritmos propios del desarrollo de una revolución. Y es en el transcurso de una situación revolucionaria, que se constituye un “poder dual” como surgimiento de formas de poder a nivel local y nacional, expresión material del proceso de liberación por parte de los oprimidos.

La tarea por tanto, nuevamente en el puesto de las y los revolucionarios en la constitución del poder dual debe ser su actividad consciente para su desarrollo y surgimiento, transitando a su permanencia y su generalidad, la mayor de las generalidades posibles. Finalmente, tal como fue la construcción del PRT [11] durante gran parte de la observación de muchos de los fenómenos anteriormente nombrados, es necesario destacar la experiencia en la construcción de un partido revolucionario, donde resida la superación de los estancamientos, las malas prácticas y apostar a todos los niveles imaginables de unidad. Junto con esta última reflexión, sólo aportaré con algunos punteos que son expresión de una lectura dedicada al texto de Santucho y varias lecciones del presente: I. Los levantamientos por parte de los pobres del campo y la ciudad en Chile, Ecuador y otros países no constituyen una revolución, la revolución aún en ninguno de estos países ha sucedido, puesto que cuando suceda en el campo de lod oprimidos darán el paso hacia su liberación, por tanto hacia el socialismo. II. El poder dual puede ser una excepcionalidad en la construcción de una estrategia para arrebatarle el poder a la burguesía, pero la existencia de un poder burgués es un hecho y el texto elaborado por Santucho es un dedicado trabajo por expresarlo y materializarlo en la realidad de la clase explotada. III. Dentro de las tareas posteriores al levantamiento popular de octubre es la capacidad que debe tener una izquierda revolucionaria en reconocer las limitaciones que posee a la hora de enfrentarse a la burguesía y superarla, no caer en expectativas falaces ni en pesimismos derrotistas. Reconocer su verdadero y material ejercicio como organización o partido revolucionario. IV. Para desarrollar un poder fuera del espectro de la burguesía, es necesaria a la clase trabajadora profundamente consciente y empoderada en todos los aspectos que concierne su vida y su actividad política. “La única garantía posible de democracia es un fusil en el hombro de cada obrero”. V. La revolución como alternativa material y como proceso histórico es necesaria y posible. [12]

NOTAS [1] V. I. Lenin, “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”. [2] M. R. Santucho, “Poder burgués y poder revolucionario”, Ediciones El Combatiente, Argentina, 1974. [3] Ibíd. [4] E. Guevara, “Mensaje a la Tricontinental, Crear dos, tres… muchos Viet-Nam, es la consigna”, 1967. [5] M. R. Santucho, “Poder burgués y poder revolucionario”, Ediciones El Combatiente, Argentina, 1974. [6] Ibíd. [7] Ibíd. [8] Ibíd. [9] Comprensión desarrollada magistralmente en el artículo http://marxismoyrevolucion.org/?p=746#_ftn2 [10] M. R. Santucho, “Poder burgués y poder revolucionario”, Ediciones El Combatiente, Argentina, 1974. [11] Partido Revolucionario de los Trabajadores de Argentina, partido revolucionario que desarrolló su actividad práctica y teórica durante los años 60 y 70, al calor de los levantamientos revolucionarios alrededor de Latinoamérica. Constituyó además la Junta de Coordinación Revolucionaria, como ejercicio internacionalista de resistencia en conjunto con el MIR de Chile, el ELN de Bolivia y el MLN de Uruguay. [12] V. I. Lenin “Tesis de Abril”