Dos revoluciones en sentido histórico: La contingencia de la transformación y el carácter del movimiento
Comité Editorial Revista Estrategia
“La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”.
K Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.
La fuerza en que se desenvuelve el movimiento de la historia actual es por momentos desorbitante, su dinamismo a veces no permite la suficiente avidez para comprender el sentido que este adquiere por su carácter amplio, multi espacial y que para efectos de su estudio nos obliga a dar una vuelta por el largo tránsito de la historia humana. He ahí dónde tiene por intención este pequeño ensayo para pensar y caracterizar dos momentos claves para la historia de la humanidad que tienen un sentido que buscaremos explicar a lo largo del escrito.
Cuando el autor británico Eric Hobsbawm en su obra La era de la Revolución propone pensar en un sentido histórico la relevancia de las revoluciones alrededor de la actividad humana, consigue presentar a nuestro parecer dos momentos fundamentales que configuran sus cimientos para pensar el mundo del siglo XX e inicios del XXI; la revolución industrial y la revolución francesa como la convergencia del establecimiento de una misma base funcional para el resto de hechos que en términos históricos golpea a la globalidad representada en unidades nacionales, ideológicas, filosóficas, políticas y económicas.
El avance de la historia comprendido como tal debe considerarse bajo la idea de la transformación continua, dinámica y radical de las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales que en determinados momentos se materializan bajo quiebres y crisis que las hacen plausibles. Bajo esta concepción, es necesario destacar el peso histórico que tienen las crisis en el avance del movimiento de la historia, puesto de que no son sinónimos de una estática confrontación que reniega en su absoluto su forma anterior, sino que son los elementos de ella las que se incorporan a la superación en un momento de crisis.
La dominación capitalista bajo el aura de la Revolución Industrial
Siguiendo la línea de Hobsbawm, la revolución industrial en ese sentido representa el subsuelo bajo el cual se asientan una gran mayoría de acontecimientos históricos que le siguen, representando así una suerte de liberación humana materializada en la superación de la técnica como expresión material del desarrollo y la evolución de las capacidades transformadoras de la humanidad sobre la naturaleza.
En ese sentido, la liberación humana adquiere un carácter general y transversal para la historia contemporánea, puesto que la relación de la humanidad con sus medios transciende en un sentido material su composición, pero -precisando su carácter histórico- representa la piedra angular dónde se sienta la dominación capitalista. Inclusive, la óptica del autor sobre este tema lo profundiza al posicionar a la dominación y despojo colonialista como la explicación para el desarrollo que naciones como la de Gran Bretaña alcanza durante la época.
Para efectos de lo mismo, en ese punto es necesario precisar que la complejidad de las relaciones económicas capitalistas que devienen de la bonanza y desarrollo que naciones como Gran Bretaña logran alcanzar durante este proceso están relacionadas a la prosperidad de la propiedad privada y el despojo de tierras en relación a naciones más desfavorecidas.
El primer efecto de este impacto para el desarrollo de las relaciones económicas al interior de Gran Bretaña está relacionado con tres factores fundamentales para las transformaciones históricas de la humanidad: 1. El aumento de la producción a niveles que permiten la alimentación de la población de grandes urbes. 2. La fuerza de trabajo suficiente para acaparar la actividad industrial. 3. La acumulación de capital para la creación de un mercado y de excedentes para la negociación internacional.
Aquellas condiciones previas le valieron al imperio británico para poseer las determinaciones materiales que le permitieran desarrollar un proceso de acumulación a través de la creación de mercados y de la producción de excedentes que le permitieran acrecentar dicho canal comercial posibilitando un superávit de ganancias. Pero el engrosamiento de dichas posibilidades fue fecundado en razón de una dominación imperial expresada en dos elementos con un factor en común; la industria algodonera y la expansión colonial, ambas suscitadas en paralelo con la esclavitud, en palabras del mismo Hobsbawm El algodón y la esclavitud marcharon juntos (1) desarrollando un poderío económico, político, militar y social a la vez que deteriorando y empobreciendo las zonas subdesarrolladas.
La dominación capitalista imperial inicial por lo tanto, nos invita a pensar primero las condiciones materiales y económicas que suponen para el tercer mundo la descomposición de su organización política, social y económica que constituye una formulación particular de sus historias que a diferencia de Europa en general, representan territorios que construyeron a partir de siglos con particularidades en su historia y en sus actuales horizontes de transformación a partir de las determinaciones generadas por la dominación capitalista durante el periodo de la revolución industrial.
En segundo término, nos muestra en un sentido histórico la lectura que debemos tener de las actuales transformaciones de las condiciones de vida humana a razón de la transformación de sus medios como también de los cambios en razón del trabajo que inclusive en la actualidad continúa en evolución. Pero a su vez, cómo esta transformación tecnológica y técnica tuvo de base la explotación y el saqueo de otras naciones en razón de la superación material del área industrial.
La revolución francesa, el liberalismo y el ciclo que nos espera
Siguiendo la lectura del historiador británico, otro hito que marca la era de la revolución es el periodo que comprende la revolución francesa, quién considera a esta como la mayor revolución en un sentido histórico por las implicancias políticas, sociales y económicas que revistió para el resto del mundo durante las siguientes décadas y siglos de dichos sucesos.
Sin lugar a dudas los hechos de París y del resto del país europeo suponen una transformación histórica imprescindible a la hora de considerar los diferentes movimientos que forman parte de la actividad transformadora. Ahora bien, la revolución francesa constituye una revolución con un programa y un carácter de clase definido: el de la burguesía. Su cohesión como clase y las alianzas que estableció con el resto de sectores no agrupados de la sociedad francesa les permitió su realización.
A su vez, la revolución francesa representa bajo lo anteriormente mencionado la vocación de poder que construyó la burguesía y su ideario materializado en la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano (1789) bajo una vocación de poder que le permitió mermar los privilegios de los nobles como sentar una dominación que le permitió prescindir al resto de naciones y democracias en el mundo. El giro político que tornó la burguesía una vez concretado su asalto al poder se vio direccionado hacia el conservadurismo político, asentando así las bases de su dominación de clase en relación con el viejo mundo que representaba el poder monárquico.
Sin lugar a dudas, este hito histórico nos otorga para la actualidad considerar las cada vez más sagaces y dinámicas transformaciones que está viviendo el mundo occidental al alero de democracias burguesas liberales, como también de las cíclicas crisis del capitalismo también asociada a razones exógenas como la actual pandemia. En todos casos, reviste también de consideración para asumir en términos históricos la evolución material de las condiciones humanas como también de la herencia política que América en general debe a estos hechos.
La contingencia de aquellos hechos está en que se involucran -no lineal- pero sí directamente con las actuales transformaciones industriales y tecnológicas de las que el mundo entero es testigo, como también de las crisis que están sufriendo a nivel global las democracias, incluso considerando las particularidades históricas que las caracterizan. Pero ante todo, representa el movimiento de la historia de la dominación burguesa y capitalista, que ha podido amoldar su poderío imperial y político gracias a la dominación política y la explotación económica de otras naciones de América Latina, África y Asia, dándonos a luz el actual escenario geopolítico en el mundo.
Eric Hobsbawm. La era de la revolución, p.41.