Hasta ahora, los filósofos solo han interpretado el mundo de diversas maneras; de lo que se trata es de cambiarlo.
K. Marx. 1845.
Desde la existencia de la lucha de clases, la emergencia entre libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales (1) es que el concepto de ideología ha estado en boga de aquellos que se abren paso en la disputa política. En la última década, la denominación de ideología ha mermado muchas expresiones discursivas en relación con aquellos elementos del campo de las ideas.
Como parte del debate contemporáneo, la ultraderecha conservadora ha impulsado una agenda en la que demanda enfrentar a la “ideología” a través de la lucha por la libertad. (2) Dicha primitiva pero extensa tensión se ha expresado a través de las últimas décadas en una disputa terminológica respecto a qué entendemos como ideología y cómo lo posicionamos en el debate público.
El presente artículo busca reconstruir el análisis desarrollado por Jorge Larraín a través de su obra El concepto ideología. Vol. 1. (3) En ese sentido, su objetivo es formar parte de un insumo que recoja en términos generales aquella reconstrucción histórica de aquellos debates que encauzan lo que hoy entendemos por ideología. A su vez, la intención es volcar parte de aquellos esfuerzos es poner nuevamente la centralidad en el estudio de la obra de Marx y en aquella comprensión de la ideología en el marco de la lucha de clases.
En el seno del desarrollo de la ciencia, el concepto de ideología ha emergido en el conflicto, desde el entendimiento por la verdad sobre la irracionalidad. Dicha relación ha generado sesgos en la formulación conceptual e histórica. Desde tiempos inmemorables, la superstición era comprendida como una fuente determinante del daño al conocimiento científico en tanto sometía a la mente a fuerzas incontrolables, predominando así caprichos arbitrarios.
Dicha situación histórica es reflejo del conflicto entre filosofía y teología. A su vez, entrará en dicha relación el conflicto entre aquellas preconcepciones de ideología y conocimiento racional. La aparición de ídolos como configuración de la verdad por sobre la racionalidad empujarán la discusión acerca de qué elementos de la realidad terminan por ser purgados en contraposición a alcanzar la verdad.
Respecto al problema de los ídolos, reconocerlos en su existencia como elemento que nubla la verdad permite en cierta forma tornarse inofensivo en el desarrollo de la discusión histórica respecto a estas materias. En un sentido histórico, si bien hubo conciliación en primera instancia entre el materialismo sobre el cual se estableció esta crítica sobre los ídolos, se concibió como una forma de compatibilidad con la existencia de Dios. Progresivamente la ilustración llegó a ser una crítica propia a la religión.
El sucesor en la línea del materialismo de Bacon a Hobbes postula que el hombre no puede estar seguro de las verdaderas causas de las cosas. Dicho límite se encuentra en la religión, determinado como aquel camino optado por el miedo y la ignorancia de aquellas cosas determinadas como invisibles. Hobbes lo determina como una forma del ejercicio del poder. La ilustración en ese sentido, quiebra esta noción respecto a lo desconocido y la superación por la verdad.
La ilustración como movimiento burgués que reivindica el libre pensamiento rompe con la noción de aquellos elementos que son determinados como invisibles y, por tanto, se entienden como un peligro para la felicidad humana toda vez que se oponen a la verdad y se determinan como “ideología”.
Aún así, la configuración de las transformaciones burguesas y la centralidad del interés del Estado moderno se define que una forma de alcanzar la felicidad y superar sus prejuicios en función de sus propios intereses. Así, dicho desarrollo se encuentra alineado con el surgimiento de la burguesía como clase y la caída del antiguo régimen.
En términos históricos dicho conflicto está mediado por la tensión entre la burguesía y el credo. Así, la educación se configura como la virtud de encontrar aquellas soluciones para los problemas sobre el dogma de la vida futura. Marx, más adelante criticará la omnipotencia de la comprensión de la educación desde una perspectiva burguesa. Él indicará que las circunstancias son modificadas por los hombres y que el propio educador debe ser educado.
En este plano: la ideología sólo aparece como algún modo interno al proceso interno de alguien.
En términos modernos, la ideología es comprendida como la ciencia rigurosa de las ideas con una connotación positiva. Dicha acepción deviene de una superación de aquellos prejuicios religiosos y metafísicos. El primero en darle una connotación negativa al término es Napoleón Bonaparte, toda vez que denominó a sus detractores como intelectuales realistas y doctrinarios. Dejando de manifiesto el estar a cargo de las ideas y la satisfacción de sus fines ideales propios.
Durante el siglo XIX, Hegel desecha el término: la ideología como una reducción de pensamiento a la sensación. El positivismo francés y el idealismo alemán no asociaban sus críticas al concepto ideología. La crítica a la religión de Feuerbach ya no es concebida, por ejemplo, como independiente y arbitraria, sino a partir de la esencia del hombre.
Marx desarrollará a posterior su crítica a la religión y el concepto histórico de la ideología. Junto a Engels, en la Ideología Alemana (1845), abordarán el concepto no desde la perspectiva de la polémica, pero sí entrega un acercamiento a la concepción de historia y sociedad.
En dicho texto se desarrolla la siguiente comprensión: la conciencia no es independiente de las condiciones materiales contra el idealismo, por tanto, la conciencia no es reflejo pasivo de la realidad externa.
Notas
- Karl Marx, Friedrich Engels. Manifiesto del Partido Comunista. 1848.
- El País: Kast llama en Europa a promover “familia, verdad y libertad” frente a los “ismos” de la izquierda. 2026.
- Jorge Larraín. El concepto de ideología. Volumen 1. LOM Ediciones.