De todos modos, el arma de la crítica no puede reemplazar la crítica de las armas; la fuerza material debe ser abatida por la fuerza material; pero también la teoría se transforma en fuerza material en cuanto se apodera de las masas. (...) Ser radical es atacar las cosas en la raíz, pero para el hombre la raíz es el hombre mismo.

K. Marx, 1844.
Contribución a la crítica de la filosofía del Derecho de Hegel.

Este segundo artículo tiene por objetivo continuar la revisión del texto de Larraín (1) respecto a la comprensión del concepto de ideología y la obra de Marx. En lo particular, nuestro interés busca posicionar la centralidad de la praxis en la articulación formativa que requiere la izquierda y los sectores transformadores respecto a lo que comprendemos por ideología.

Para Marx, el desarrollo del concepto praxis se encuentra ligado a la crítica a la filosofía alemana, decantado en términos simples de la búsqueda por la comprensión de las ideas y del rol de la ideología dentro de ellas. Praxis significa, por tanto, una oportunidad de superación entre el viejo materialismo, que demanda entender de una forma mecánica el desarrollo de la vida social ligado a una estructura esencialmente práctica.

Por tanto, cabe la pregunta dentro de dicho debate sobre ¿qué es la sociedad? y cómo Marx entiende que es producto de las acciones recíprocas entre los hombres. Entendidos estos últimos como parte del género humano independiente de su injusta y determinante, en términos históricos, determinación en los hechos concretos. Esto último nos parece un debate para otro artículo.

La praxis es entendida, por tanto, como la acción consciente y sensible entre las y los seres humanos, mediante el cual producen su existencia material dependiente, a su vez, de las relaciones sociales que establecen. En dicho sentido, las relaciones sujetas a transformación a través de la historia han proyectado, en términos concretos, la transformación de la naturaleza, la sociedad y, por consecuencia, de los humanos mismos.

Por cuanto entendemos, la humanidad está determinada particularmente de sus propias relaciones sociales.

En el desarrollo de las relaciones sociales, indiferente de su condición de verticalidad, la praxis se expresa como cooperación social —no voluntaria, sino obligada— bajo la estructura de la división del trabajo.

Esta última afirmación nos empuja, por tanto, a la paradoja del presente humano: si bien la actividad producida está bajo su control, las circunstancias de su historia y, por tanto, de sus instituciones, no.

Sin embargo, a través del trabajo que reproduce la vida material en tanto práctica transformadora, revoluciona constantemente las relaciones sociales, cambiando así en una relación dialéctica las condiciones del trabajo. Para Marx, la práctica revolucionaria no surge arbitrariamente de la voluntad libre de los seres humanos, sino que está condicionada. ¿A qué? A las fuerzas productivas que lo permiten/restringen; solo conscientemente de las circunstancias en que su objeto de análisis es la totalidad, puede mediar entre la necesidad y la libertad.

La actividad humana, por cuanto, consciente del movimiento real que permite abolir y transformar el presente estado de las cosas, se transforma en práctica revolucionaria, excluyendo así un estado de las cosas o un ideal de ajuste estático de esta relación.

“La producción de ideas, de las concepciones de la conciencia, está en un comienzo directamente entretejida con la actividad material y el intercambio material de los hombres (...) Los hombres al desarrollar su producción material y sus interacciones materiales, alteran, junto con esto su mundo actual, también su pensamiento y sus productos de su pensamiento.” (2)

Por tanto, para Marx ¿qué entendemos como ideología? Para atender esa pregunta, de manera introductoria en el presente artículo, trataremos dos relaciones basales para su comprensión:

  1. Relación causal genética: Las ideas más aceptadas son producidas por la clase dominante, que a su vez domina y controla los medios de producción intelectual, y explican o expresan la relación material dominante.
  2. Relación de afinidad: Las ideas producidas por los miembros de la clase dominante coinciden con los intereses y objetivos de la otra clase.

Por tanto, de forma introductoria cabe preguntar: ¿qué objetivo tiene la clase dominante? Presentar sus intereses como los intereses comunes de toda la sociedad de una forma universal, únicamente racional y, por tanto, válida.

Notas

  1. Jorge Larraín. El concepto de ideología. Volumen 1. LOM Ediciones.
  2. K. Marx y F. Engels. La ideología alemana, p. 47.