Por Keno Ulloa
Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica. (…) debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia. En primer lugar, nuestro partido sólo empieza a organizarse, sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario que amenazan con desviar el movimiento del camino justo.
V. Lenin. ¿Qué hacer?. 1905.
Introducción: El problema de la estrategia en Chile
Desde que han existido organizaciones obreras en búsqueda de una sociedad más igualitaria ha existido una preocupación por la estrategia revolucionaria en Chile. De esta forma, es fácil remontarse a inicios del siglo XX, en donde las organizaciones obreras tuvieron avances cualitativos importantes y que desembocaron en las experiencias de organizaciones políticas como el Partido Obrero Socialista (POS), fundado en 1912 por Luis Emilio Recabarren al alero del movimiento obrero de la época. Así mismo, pero en un momento distinto de la historia, observamos una problematización colectiva entorno a la pregunta por la estrategia en experiencias como las del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), consecuencia, si se quiere decir, de los movimientos estudiantiles y obreros de su época. Desde que existen estas experiencias, la clase trabajadora organizada es que tiene en mente el problema sobre el cómo alcanzar la revolución socialista.
Así mismo, observamos en estas experiencias que la pregunta por la estrategia ha estado acompañada siempre por la pregunta por el sujeto revolucionario. Entendiendo a éste como el sujeto necesario para realizar la revolución, las distintas organizaciones de la izquierda, incluso de la izquierda más institucional como el Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista (PC), han buscado levantar una propuesta de sujeto revolucionario. Ya sean las y los trabajadores, las y los pobladores, las y los estudiantes, o las y los campesinos en su conjunto, la pregunta por el sujeto revolucionario se ha caracterizado por ser una construcción colectiva derivada de las distintas experiencias de clase, y que, como clase han vivido los distintos sujetos mencionados.
Entonces, han sido distintas las respuestas que se le han querido dar tanto a la pregunta por la estrategia, como a la pregunta por el sujeto revolucionario. Ya sea la vía chilena al socialismo adoptada por la Unidad Popular, o la conquista del poder por la vía insurreccional1, la construcción de la estrategia para alcanzar el socialismo, ya sea por la vía armada o no, ha sido una construcción que contempla la necesidad de un sujeto consciente de sus condiciones de vida, y por tanto, consciente del escenario de la lucha de clases. Es por esto que a lo largo de este trabajo ahondaremos en la necesidad de consciencia con respecto al estado de las condiciones materiales de los sujetos, es decir, a la claridad con respecto a la lucha de clases.
Posterior a la ofensiva estadounidense en el continente y a la caída de la URSS, la izquierda y sus organizaciones han estado en la búsqueda de redefinir bajo qué parámetros se configura una horizonte estratégico que pueda conversar con el actual estado de las cosas. Sin lugar a dudas, el periodo pre golpe representa el momento de avanzada más concreto en relación con la disputa del poder y la organización de la vida.
No es fortuito que dicha ofensiva haya ido aparejada con la caída de los «grandes proyectos» de transformación. En este escenario, la búsqueda de sentido en el horizonte estratégico ha exigido una profunda redefinición del sujeto revolucionario, desplazando el eje de la izquierda desde una conceptualización unívoca hacia el reconocimiento de una pluralidad de sujetos en tensión2. De allí la relevancia de este análisis, en tanto busca abordar desde nuevas aristas los procesos de conformación e identidad de dicho sujeto.
Es precisamente bajo las condiciones impuestas por la avanzada del capitalismo en su fase neoliberal que cobra urgencia interrogarse sobre cómo se ha configurado históricamente la clase y el sujeto revolucionario que dieron sustento a las diversas estrategias de disputa. Sin pretender agotar el examen sobre la efectividad o el acierto de tales proyectos en sus respectivos momentos históricos —análisis que excede los límites del presente trabajo—, resulta imprescindible examinar esos hitos de la lucha social para aprehender, en su dimensión concreta, los procesos de conformación del sujeto.
De esta manera, consideramos que para responder a la pregunta sobre la conformación del sujeto revolucionario, es vital analizar el protagonismo de los sujetos populares en las luchas contra el capitalismo. Protagonismo que ha sido conformado en base a la propias experiencias de vida de los sujetos y de su relación con las estructuras del propio sistema capitalista. A lo largo de la historia, y en los ires y venires de esta misma, la participación de los sujetos populares ha estado marcada por sus propios contextos históricos y coyunturas pero, como establecimos anteriormente, consideramos que es la claridad de estos momentos la que determinará la conformación de dicho sujeto en sujeto revolucionario.
Desarrollo: El protagonismo obrero y el conflicto contemporáneo
En Chile el protagonismo obrero en las luchas sociales ha estado marcado por distintas experiencias. Partiendo por las vividas a fines del siglo XIX, las cuales se caracterizaron por la conformación de un movimiento obrero organizado, las crisis sufridas por la oligarquía y las álgidas luchas sociales experimentadas por las clases populares3. Luchas que en determinado momento, y producto de la represión, sufrieron grandes masacres, como las de inicio del siglo XX4. En este sentido, estas experiencias de lucha y la vivencia histórica de la “cuestión social”, comenzaron poco a poco a definir lo que sería el protagonismo obrero durante el siglo XX, y sobre todo, cuáles eran los elementos que definían ese protagonismo.
En términos de la cuestión social, entendemos esta como las condiciones materiales y sociales que vivió la clase obrera en el comienzo de su conformación como clase, es decir, los inicios de las condiciones de vida de la clase trabajadora producto de la transformación industrial que en esa época estaba sufriendo el país. En este sentido, Márcia Cury lo retrata muy bien, “el país se transformó gradualmente en una sociedad urbano-industrial, pero no consiguió asegurar un crecimiento permanente y modificar el sistema de propiedad de la tierra ni elevar de forma significativa el nivel de vida de la clase trabajadora”5. Así, entendemos que si bien el auge de la sociedad industrial permitió una mayor participación social de la recién conformada clase trabajadora (y de otros sectores populares como veremos más adelante), esta participación no significó mejoras en las condiciones de vida de las personas. Y son todas estas condiciones de vida alrededor de las nuevas estructuras de la sociedad las que conformaron la denominada “cuestión social”.
En este sentido, resulta importante entender cómo se fueron configurando las experiencias de vida y de lucha de las clases populares, y sobretodo de la clase obrera, ya que como veremos más adelante, son estas las que determinaron su protagonismo en épocas tan álgidas y definitorias como la década de los 60’ y de principios de los 70’.
El protagonismo de las organizaciones de clase desde mediados del siglo XX alcanzaron su punto de clímax en Chile con particular centralidad entre los años 1970-73. Para organizaciones revolucionarias como el MIR, este periodo supuso una situación pre revolucionaria sobre las condiciones materiales de la lucha política en el país.6 A su vez, parte de ese análisis deviene de la concreta participación de las y los trabajadores en la vida económica, política y social del país en el periodo antes señalado.
Hacia las décadas de 1950 y 1960, el protagonismo de los sectores populares encontró su expresión más nítida en el fenómeno de las tomas de terreno, acelerado por la agudización del problema habitacional. Hacia fines de los años sesenta, estas experiencias de ocupación territorial alcanzaron una masa crítica donde germinaron formas embrionarias de Poder Popular7. De este modo, la acción del sujeto popular trascendió la sola reivindicación inmediata del techo para asumir una orientación estratégica centrada en el control territorial, articulando así sus demandas sectoriales en torno a un proyecto revolucionario.
Respecto a su capacidad de disputa, parte de ese protagonismo se expresó a través de su organización en acciones prácticas ligadas a su enfrentamiento no directo con la burguesía. Como parte de la serie de intentos de la burguesía chilena, los sectores medios y los agentes de EEUU, acciones de ese estilo se vieron cristalizadas en instancias como la paralización de sectores relevantes de la economía.
“Los sectores obreros y populares estaban realizando una importante experiencia de organización y coordinación, bajo un gobierno que sentían como propio y al que exigían avanzar en su programa y reivindicaciones, además se comenzaban a extender tomas en las fábricas y terrenos, como también la participación en los organismos de administración o gestión, (…) aun cuando germinaban propuestas de aumentar la cantidad de empresas del área de propiedad social, sobre todo tras el paro patronal de 1972. Es que la base social del gobierno de la Unidad Popular estaba representada sobre todo en estos sectores sociales, los trabajadores y campesinos, los pobres de las ciudades, los jóvenes estudiantes, aun cuando el apoyo a la UP no era homogéneo y existían sectores contrarios al gobierno, como fue el caso de los trabajadores del cobre, que protagonizaron un importante paro contra la UP o las mujeres de sectores populares, que marchaban con ollas y cacerolas vacías manifestando su descontento ante el desabastecimiento y el mercado negro”. (López, P. 2016).
Las capacidades organizativas y de coordinación por tanto, de los sectores de trabajadores en Chile se orientaron no sólo a su capacidad de reconocimiento para sí mismo y la reivindicación de sus intenciones en el marco de la lucha de clases, sino que tomó un sentido estratégico toda vez que permitió avanzar en un programa de transición, con un rol protagónico en la producción y el trabajo.
Este ciclo de avances sustantivos, expresados como parte del ejercicio de su independencia de clase y confrontación indirecta con la burguesía, se quebrantó de forma abrupta en septiembre de 1973 y develará el proceso de contrarrevolución cuyas consecuencias se arrastran hasta el día de hoy. La imposibilidad del enfrentamiento directo contra las fuerzas de orden, entrenadas y organizadas décadas antes en la Escuela de las Américas8, y la falta de medios para asumir esa lucha terminó por germinar décadas posteriores de percusión, terror y desmembramiento de las capacidades de la clase trabajadora.
Posterior a las presiones de EEUU como parte del fin de la dictadura de Pinochet, los sectores moderados asumieron la conducción del país condicionados por las determinaciones políticas-constitucionales y económicas que durante veinte años fueron definidas por los sectores más privilegiados del país.
El conflicto contemporáneo asume otro ribete cincuenta y tres años después: Ya no forma parte del debate una estrategia capaz de asomar como alternativa de la disputa del poder y de las capacidades reproductivas del trabajo bajo un régimen de bienestar para las grandes mayorías, sino mucho más atrás; qué estrategia poseen las y los trabajadores bajo el actual marco que la realidad concreta permite.
Conclusión: Sólo una revisión del momento actual de la lucha de clases determinará un sujeto y una estrategia
Según Salazar el paso de la experiencia vívida de las condiciones del capitalismo al pensamiento crítico sobre esas condiciones9, es la aprehensión de conciencia sobre el estado de las cosas. En este marco, el sujeto revolucionario no se constituye de manera espontánea, sino en la medida en que logra fraguar una lectura crítica sobre el despliegue de la lucha de clases, lo que históricamente le ha permitido estructurar e impulsar propuestas estratégicas situadas y ad-hoc a las correlaciones de fuerza de cada periodo histórico.
De este modo, es el propio Salazar quien sostiene la primacía de las condiciones objetivas en la constitución del pensamiento emancipador:
«De este modo, a lo largo de dos siglos y medio, ha cambiado varias veces la marca opresiva que imprime [el capitalismo] en la experiencia de los sujetos sociales que victimiza, forzando así la adecuación y renovación constantes del pensamiento crítico. Pues es “la existencia (capitalista) la que determina la conciencia (revolucionaria) y no ésta, por sí misma (en tanto que mera ideología) a la existencia”». (Salazar, G. 2003).
Por tanto, como producto del análisis en relación a la pregunta sobre la estrategia medio siglo después de la ofensiva de la burguesía en Chile nos invita a poner en el centro de la discusión por sobre la tensión sobre el protagonismo del sujeto/a de transformación, cuál es el actual escenario de la lucha de clases que sitúa a la mayoría de la población ante las actuales condiciones de explotación.
Notas
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Tesis político-militar del MIR (1965). Véase más en Vivien Valenzuela Romero, Pueblo, conciencia y fusil: La política militar del MIR 1965-1973 (Concepción: Ediciones Escaparate, 2018), 209.
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Gabriel Salazar V., Transformación del sujeto social revolucionario: desbandes y emergencias (Santiago de Chile: Centro de Estudios Miguel Enríquez [CEME], Archivo Chile, 2003), 1.
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Márcia Cury, El protagonismo popular chileno: Experiencias de clase y movimientos sociales en la construcción del socialismo (1964-1973) (Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2018), 38.
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Por mencionar algunas: la huelga de los estibadores en Valparaíso (1903), la huelga de la carne en Santiago (1905), la matanza de Plaza Colón en Antofagasta (1906), y la matanza de la Escuela Santa María de Iquique (1907), recordada por ser la más sangrienta de la época por los miles de asesinado por el Ejército de Chile.
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Cury, El protagonismo popular chileno, 35.
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Salinas, S. El tres letras. Historia y contexto del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. RIL Editores.
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Cury, El protagonismo popular chileno.
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Romero. R. ¿Escuela de las Américas o escuela de violadores de derechos humanos?. 2014.
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Salazar, Transformación del sujeto social revolucionario, 5.
Bibliografía
Cury, Márcia. El protagonismo popular chileno: Experiencias de clase y movimientos sociales en la construcción del socialismo (1964-1973). Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2018.
Lopez. P. El paro patronal y la formación de los Cordones Industriales desde la memoria de sus protagonistas, 2016.
Romero. R. ¿Escuela de las Américas o escuela de violadores de derechos humanos?. 2014.
Salazar V., Gabriel. Transformación del sujeto social revolucionario: desbandes y emergencias. Santiago de Chile: Centro de Estudios Miguel Enríquez (CEME), Archivo Chile, 2003. http://www.archivochile.com.
Salinas, S. El tres letras. Historia y contexto del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. RIL Editores.
Valenzuela Romero, Vivien. Pueblo, conciencia y fusil: La política militar del MIR 1965-1973. Concepción: Ediciones Escaparate, 2018.