Por Harold Stiven García Pacanchique
Director de Revista Poder Popular
@rpoderpopular

La nueva canción chilena se convirtió en el canto de la esperanza, que aportó a los procesos populares de finales de la década de los sesenta e inicios de los setenta una nueva forma de integrar a la clase trabajadora a la cultura política de izquierda. Entre estas propuestas musicales se va a encontrar la agrupación Inti-Illimani, la cual sería determinante en la campaña presidencial del médico y socialista Salvador Allende; agrupación compuesta por jóvenes que iniciarían su apuesta musical y cultural hacia el año de 1967 y quienes asumirían este nombre en homenaje al paisaje soleado del frío Illimani boliviano.

El 6 de agosto de ese mismo año, el concertista en guitarra e hijo de bolivianos, Eulogio Dávalos, los invita a tocar en la celebración de la Independencia de Bolivia para la comunidad de ese país que residía en Chile. En vista de que el grupo aún no tenía nombre, el mismo Dávalos les propuso llamarse Inti-Illimani, que en lengua aymara significa Sol del Illimani (Inti-Illimani, 1967).

La sugerencia de Dávalos gustó a los chilenos y, a partir de esta referencia nominal indoamericana, va a iniciar la historia de una agrupación puesta a la orientación de las causas de la justicia social y la democracia popular. Fue así como Inti-Illimani, tras la ajustada victoria popular de Allende sobre el nacionalista Jorge Alessandri el 4 de septiembre de 1970, asumió la tarea de musicalizar el programa de gobierno de la Unidad Popular1, que se convertiría en la principal pieza de agitación política del gobierno de Allende para socializar la propuesta política de la vía chilena al socialismo.

Canto al programa

La cantata chilena y su llamada nueva canción constituyeron el avance cultural de un proceso popular de nuevo tipo que forjó la vía chilena al socialismo. Esta elevó no solamente las consignas de un gobierno socialista que accedió al poder a través de la llamada democracia burguesa, sino que también penetró la cotidianidad de la clase trabajadora por medio de la música, que se convirtió en el mecanismo más acertado para enraizar el programa socialista en las poblaciones empobrecidas del campo y la ciudad, reforzando la concepción política de la Unidad Popular y su programa de gobierno. Ello les permitió, de una manera inusual para la época, dar a conocer las intenciones organizativas de una nueva forma de comprender y hacer la política.

El álbum titulado Canto al programa sería el quinto número musical de Inti-Illimani. Tras llegar de su gira internacional por Argentina y orientados por el Partido Comunista, estos, como miembros de la JJCC —Juventudes Comunistas de Chile—, deciden musicalizar los principales puntos del programa de gobierno de Allende en un long play compuesto por doce canciones, en el cual participaron “Julio Rojas en el texto escrito y la música compuesta por Luis Advis y Sergio Ortega. En el relato participó Alberto Sendra (…) y el diseño gráfico fue realizado por Vicente y Antonio Larrea” (Perrerac, 2019).

El disco fue un éxito musical, político y cultural. De este se inmortalizarían canciones como “Canción al poder popular” y “Venceremos”, esta última también conocida como el himno de la Unidad Popular. Además, contó con once relatos que ponen en voz chilena la explicación de cada una de las tonadas musicales de Inti-Illimani, relatos que representan al típico poblador urbano y rural de la clase trabajadora, que con palabras propias de la cultura popular invita a conocer el programa de gobierno de los socialistas. Ante esta experiencia, uno de los integrantes del grupo, Horacio Salinas, comentó al medio digital El Desconcierto que:

Muy lejos del glamour del teatro, cantábamos al aire libre ante un público fundamentalmente obrero. Imaginábamos que la canción podía cambiar algo, cantábamos textos medio pedagógicos, uno escucha las canciones ahora y es muy chistoso porque era una traducción en rima de cosas muy técnicas (Salinas, 2017).

Fue entonces este llamado elemento pedagógico el que constituyó la fuerza del LP publicado en 1970, pues le permitió a la Unidad Popular tener una herramienta política y educativa para llegar a miles y miles de seguidores de Allende que quizá no podían leer el programa del gobierno obrero y popular. Este trabajo musical le permitió al pueblo entender, como lo planteaba la “Canción al poder popular”, que:

“esta vez no se trata / De cambiar un presidente”.

Las vibrantes emociones que despertaba este programa socialista las caracterizaba de manera plena este álbum musical, que puso a Inti-Illimani en el centro de los objetivos a derrotar por parte de la derecha golpista. La afinidad popular de la Nueva Canción Chilena hizo, como lo relata Horacio Salinas, que la clase trabajadora se entronizara con la llamada canción protesta y de contingencia que floreció en el Chile gobernado por Salvador Allende:

Participábamos de todas las actividades en que nos convocaban, no solo en las grandes manifestaciones en la Alameda, sino que en centros de obreros, minas de cobre, las minas de hierro del Tofo, los sindicatos. Se veía que el Chicho podía ganar, entonces todos nos volcamos a esa utopía (Salinas, 2017).

La utopía del socialismo a la chilena demostró que la canción es un arma de la revolución cargada de futuro y esperanza. No solo se encontraron canciones politizadas en el Canto al programa, sino en toda la tradición musical de la época, en donde destacan los ponchos negros de Quilapayún, Víctor Jara, Violeta Parra, Patricio Manns, Illapu, los hermanos Parra, entre otros y otras que le dieron una tonada musical e indoamericana a las propuestas socialistas del gobierno de la Unidad Popular.

“No hay revolución sin canciones” Salvador Allende

La participación de los comunistas fue determinante en el gobierno popular. Siendo la segunda fuerza política más importante de la convergencia, influenciaron culturalmente de manera determinante este proceso político. Allí jugaron un papel preponderante agrupaciones musicales como Quilapayún e Inti-Illimani, pertenecientes a la JJCC y al Partido Comunista de Chile, como también destaca la participación del comunista y cantautor Víctor Jara y los artistas plásticos de la llamada Brigada Ramona Parra.

Así como sin canciones no había posibilidades de revolución, parafraseando al compañero presidente, la JJCC y su comisión de educación designó un esfuerzo creativo para poder darle vida al programa de gobierno a través de la música, e Inti-Illimani fue designado para dicha tarea. Este programa político, que resultó una tonada de vida nueva para los más empobrecidos del Chile de inicios de la década de los setenta, planteaba en la portada del LP lo siguiente en referencia a la importancia del nuevo paso que daba la sociedad chilena hacia la construcción de su socialismo, donde era necesario forjar un:

Gobierno verdaderamente popular que haga posible una revolución antiimperialista que permita que seamos los dueños verdaderos de nuestras riquezas básicas, hoy explotadas por capitales extranjeros principalmente yanquis; una revolución antioligárquica que ponga fin a la gran burguesía, dueña de los grandes centros financieros y de los monopolios que impiden nuestro desarrollo económico y, por último, una revolución agraria que termine con los grandes terratenientes y entregue la tierra a los campesinos, que la trabajan (JJCC, 1970).

Esta referencia, a manera de resumen o sinopsis de lo que se escuchará en las doce intervenciones musicales, es un abrebocas a lo que plantea el programa musicalizado, en donde todas las propuestas van a girar en torno al poder popular, encontrando canciones tituladas como:

Títulos que dejan entrever el contenido del programa de gobierno de Allende, en donde la socialización de los medios de producción, el fortalecimiento de la propiedad social y la transformación de las fuerzas militares eran los lugares desde donde partían las principales iniciativas del gobierno popular, condiciones que se pueden encontrar de manera reiterativa en todos los números musicales del LP publicado en el año de 1970.

Reflexiones finales

El Canto al programa es, pues, la expresión más fehaciente de la agitación y propaganda de una cultura revolucionaria en construcción, que emerge de una época convulsionada para el pueblo de Chile, donde las canciones se convirtieron en uno de los principales elementos de socialización política y fortalecieron los anhelos de una sociedad que, a través de la vía pacífica, propendió por consolidar un proyecto social y popular que se opusiera a las infames dinámicas del capital.

Las Juventudes Comunistas, conscientes de su responsabilidad y de la necesidad de usar todos los medios de comunicación a su alcance, concibió la idea de difundir el Programa mediante un disco (…) después de un arduo trabajo colectivo nos entregan este conjunto de canciones de Canto al programa que toman las formas de nuestro folklore y que logran, en la interpretación del conjunto Inti-Illimani, una gran calidad artística (JJCC, 1970).

Calidad artística que demostrará una producción de lo que hoy podemos caracterizar como cultura popular, donde los aportes políticos salieron de lo indoamericano, como creación heroica de un proyecto social que entendió que sin consenso popular no existe guerra al capital, que el bloque histórico combina de manera acertada todas las formas de lucha y que la canción protesta y de contingencia efectivamente sería un arma potente de la revolución.

Notas

  1. Frente de convergencia de la izquierda chilena del cual hacen parte el Partido Comunista de Chile, el Partido Socialista de Chile, el Movimiento de Acción Popular Unitaria, el Partido de Izquierda Radical y Acción Popular Independiente.

Referencias